sábado, 14 de febrero de 2026

CRÓNICA DE UN ALMA INDOMABLE


​Hoy el escenario está a oscuras y el frío no viene de la calle, sino de las palabras.

​Me miro al espejo y no veo a una mujer agotada por la fiebre; veo a una resistente caminando bajo la lluvia de una justicia que no siempre entiende de humanidad. He pasado años huyendo de sombras sin rostro, cargando con el peso de la supervivencia como quien carga una maleta llena de sueños rotos y remiendos de seda.

​He buscado la belleza entre los escombros, decorando mi refugio con flores y encajes Shabby Chic, intentando que mi mundo huela a hogar aunque el banco aceche mis bolsillos y la cuenta sangre en números rojos. Pero el mundo tiene sus propios "inspectores" del alma. Seres que se esconden tras pantallas para juzgar el hambre, la soledad y hasta el simple deseo de celebrar la vida un día cualquiera.

​Me señalan porque no me hundo. Me persiguen porque mi dignidad brilla más que su rencor. Mientras el sistema cuenta mis deudas, yo cuento los latidos de quienes me aman sin condiciones: mis pequeños compañeros de cuatro patas, los únicos que no piden explicaciones ni lanzan piedras.

​Incluso el silencio de los míos pesa, pero una actriz sabe que el silencio es solo el preludio del siguiente acto. No esperéis verme caer. No busquéis mi nombre en el barro, porque ya lo he limpiado con mis propias manos.

​La noche es larga y la fiebre sube, pero como en las grandes obras, el último acto no lo escriben los verdugos. Lo escribe quien, a pesar de todo, se atreve a seguir creando. Sigo cosiendo flores sobre las heridas.




CRÓNICA DE UN ALMA INDOMABLE

​Hoy el escenario está a oscuras y el frío no viene de la calle, sino de las palabras. ​Me miro al espejo y no veo a una mujer agotada por l...